martes, 27 de marzo de 2012

Irlandés de queso

Los grandes puristas del café irlandés me discutirán el título de este postre, ya que los 3 colores característicos de dicho café no son tales, si no que únicamente son dos. Esto es debido a que en aquellas tierras (ahora ya no tan lejanas por la facilidad de los vuelos existentes, y siempre y cuando los pilotos no hagan huelga) el precio del whisky es tan elevado que la cantidad necesaria para que la densidad cambie, y el café flote sobre la combinación de whisky y azúcar, es tan importante que eso encarece demasiado el producto, con lo cual ellos ponen menor cantidad de alcohol y entonces sólo se ven 2 colores: el oscuro del café, ya mezclado con el whisky y el azúcar, y el blanco de la nata líquida (nosotros ponemos nata montada).
Dicho esto, os oscribo la receta de este exquisito y elegante postre: "El Irlandés de Queso"

martes, 20 de marzo de 2012

Capítulo 4: Coge el dinero y corre

Tengo que decir que me considero una persona fiel y muy honrada. Dejo de lado aquellas chuches que, de niña, le robé a la Sra Pilar en su papelería cuando ella no miraba (aquel bote lleno de gominolas de colores del arcoiris me atraían en grado sumo) y las 25 pesetas (sí, pesetas, aquella moneda que usábamos entonces en nuestro país) que le hurtaba a mi madre, muy de tanto en tanto, de su monedero. Y todo esto viene a cuento de la historia que os quiero contar esta tarde.

martes, 6 de marzo de 2012

Espinacas a la Catalana

No sé cuántos años le costó a mi madre hacerme comer verduras (judia verde, acelgas, espinacas, coliflor...), supongo que como a todas las madres, pero al final lo consiguió.
Aun definiéndome como carnívora empedernida, los años han hecho que a mi cuerpo le apetezca bastante más a menudo, muy a mi pesar, este tipo de "manjar". Hay veces que, tengo que confesarlo, me cuesta mucho escoger la verdura, cuando abro la nevera, frente a cualquier otro tipo de alimento y es entonces cuando el sentido común gana la partida y me pongo a cocinarla.

viernes, 2 de marzo de 2012

¡Ánimo con esas propinas!

Hace un tiempo que he estado pensando en que debería escribir algunas líneas referentes al tema de las propinas. Me dió la idea hace unas semanas @anabel_67, ayer conté las mías del mes de Febrero y por la tarde me vino otra vez a la mente al hablar con @ikutusov. 
Así que esta vez no os contaré una historia, sólo quiero plasmar un pensamiento o, mejor dicho, una pregunta:  ¿Qué está pasando con las propinas?

martes, 28 de febrero de 2012

Capítulo 3: Mujer sucumbiendo a un ataque de nervios

Nos trasladamos esta vez a Barcelona y a un tiempo ya remoto. El restaurante de allí era más… “de batalla”: menús, carnes a la brasa, calçots (típica cebolla catalana, de sabor dulzón,  que se come con una salsa llamada “romesco”y  preparada con almendras, avellanas y tomate)  y unos platos no tan elaborados, aunque no por ello, menos deliciosos.

martes, 14 de febrero de 2012

Galletitas de Chocolate

Tengo que confesar que nunca he tenido muchos vicios: fumar, lo dejé hace muchos años y beber, nunca ha sido una de mis grandes virtudes, a excepción del vino tinto, claro está. Pero lo que sí me pierde (y esto no quiere decir que la báscula salga huyendo cada vez que entro en el cuarto de baño) es la comida: creo que no podría pasar sin un bun entrecote de buey de tanto en tanto, o sin un pescado fresco con patatitas y tomate. Pero ante todo, creo que no podría estar sin mi dosis de chocolate: es, en definitiva, mi perdición.

martes, 7 de febrero de 2012

Capítulo 2: ¡Ay, la delicada tercera edad!

Para narrar esta historia debo retroceder una década en mis recuerdos. Hacía poco que el restaurante estaba abierto y para la gente de la comarca éramos unos auténticos desconocidos. Cuando un cliente traspasaba la puerta era una celebración, y cuando se nos presentaba la oportunidad de servir alguna mesa grande, la alegría flotaba en el ambiente. Hacíamos lo que hiciera falta para no perder la ocasión de servir a un mayor número de personas, aun siendo el local de dimensiones bastante reducidas. Y así, con esa disponibilidad a amoldarnos a cualquier situación, os propongo que viajemos al verano del 2002.